Editorial 04/04

La pandemia del COVID-19 ha desatado una crisis civilizatoria de dimensiones universales. Por todos lados se discute y se hacen pronósticos de cuál será la sociedad que emergera de está crisis. Creo que hay que esquivar cualquier tentación fatalista, catastrofista de creer que la muerte la pandemia o la guerra por sí sola producen cambios sociales de magnitudes revolucionarias. Nunca fue así. Cada derecho que conquistó la humanidad ha sido resultado de la lucha organizada de pueblos de proyectos de ideas de cultura y de mucha fuerza puesta por los hombres y las mujeres organizados y con una apuesta clara a conquistar un derecho. Quisiera decir que de la experiencia de nuestra lucha contra el terrorismo de estado de la supervivencia en los centros clandestinos y en las cárceles, de lo que aprendimos en los juicios en estos años, creo que se pueden extraer algunas conclusiones útiles para esta etapa. La primera es que nadie se salva solo. No hay posibilidad alguna de enfrentar una pandemia como un fenómeno individual sino colo lo que es, un fenómeno social resultado del ciclo productivista que destruye al medio ambiente y la destrucción del aparato de salud pública por parte de los gobiernos capitalistas. La segunda conclusión es que sobrevivir a una pandemia, sobreviví al terrorismo de estado nunca es solo no morir. Es también emerger de la crisis y superar los encierros concervando la identidad previa que teníamos y que queremos mantener. No sabemos muy bien cómo será la Argentina que sobre venga al fin de la pandemia que en algún momento terminará. Pero creemos que los organismos de derechos humanos y los luchadores por los derechos humanos podemos aportar bastante a ese país que estamos deseando que aparezca. Y el aportar es afirmarnos en nuestras certezas, nuestras convicciones, en nuestros principios. Así como durante la dictadura el mayor aporte de los sobrevivientes fue defender su identidad en la mesa de torturas, en los encierros, en los largos exilios o en los largos destierros, ahora también se trata de que los organismos de derechos humanos también preservemos el derecho de las personas a pensar y organizarse y a criticar y a ejercer sus derechos aún en las condiciones tan especial de la pandemia. Por eso en estos días la Liga ha denunciado en Mendoza, en Río Negro, en Córdoba y en todos los lugares que hizo falta los hechos que la policía la gendarmería o cualquier fuerza siga cometiendo contra los derechos de las personas. Somos una organización que ha sobrevivido 82 años largos, y esa supervivencia nunca ha sido solo el transcurrir del tiempo sino el aferrarnos a los principios y a lo que creemos. Creemos que las personas hacen la historia, creemos que todos y todas tenemos derechos y en la lucha por esos derechos construimos la vida. MALVINAS Podemos intentar pensar la cuestión Malvinas desde la perspectiva de los derechos humanos. En primer lugar Malvinas -ese estigma colonial que tiene la argentina- nos lleva al primer derecho de los pueblos, que es el derecho a la autodeterminación, el derecho a la soberanía sobre su territorio, el derecho a decidir por sí y solo ante sí el destino de sus habitantes y de sus territorios. Malvinas nos obliga a pensar en términos de una relación de Colonia y potencia imperial, pero desde esa relación también podemos mirar lo fundamental de la Argentina: Malvinas es una colonia pero también buena parte de la Argentina está colonizada. Desde la conquista española, desde la re-conquista americana, desde el momento inglés de dominio y sobre todo desde el período que comenzó en 1976, siguió con Menem y se potenció con Macri. Lo primero que hay que decir es que necesitamos recuperar las Malvinas y necesitamos recuperar la argentina. Una segunda perspectiva sobre Malvinas es que aquella causa 'anticolonial' fue casi sin lugar a dudas una sucia herramienta política de una miserable dictadura genocida. Por eso los militares que fueron a Malvinas torturaron a soldados, se entregaron sin pelear y mostraron una vez más que las Fuerzas Armadas Argentinas no están preparadas para ningunas doctrina, ninguna hipótesis, ningún peligro real sobre argentina. Una vez más en estos tiempos los Servicios de Inteligencia han demostrado que no sirven para ninguna otra cosa que operaciones políticas contra el pueblo, contra dirigentes políticos, al servicio de potencias extranjeras, de los EEUU e Israel. La argentina sigue teniendo un vasto sistema de informaciones, agencias y todo tipo de espías pagos por el Estado que sin embargo en estos meses no tuvieron la menor capacidad de anticipar que en el mundo había un peligro epidémico y la Argentina desde principio de año debía prepararse para enfrentarlo. No es un reproche a las nuevas autoridades: hemos reconocido en la gestión de Caamaño una de las intenciones más democráticas y valientes de este gobierno, pero conviene marcar a fuego que el país necesita reformularse completamente y liberar cada uno de los territorios (geográficos, sociales, políticos y estatales) del dominio imperial. Nuestro mensaje para este 2 de abril es que necesitamos, queremos, estamos dispuestos a luchar por recuperar Malvinas y estamos dispuestos a luchar y hacer de argentina patria libre como querían todos los grandes patriotas que nos precedieron en la lucha desde San Martín hasta el Che Guevara.

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