La primera exigencia es que tenemos que lograr que liberen las patentes en todo el mundo




Es a vencer o a que la humanidad desaparezca.
Editorial José Schulman

Estamos sin duda ante una catástrofe humanitaria de proporciones bíblicas, el mundo, la región, el país, corre peligro Lo primero que corresponde establecer es que sí, lo que está ocurriendo es inevitable, es algo natural entre comillas, como la lluvia o un meteoro que cae y mata dinosaurios.


Nuestro hermano el padre Paco Olivero acaba de escribir que, ante la segunda hora de coronavirus, frente al rebote que nos asola, los que nos consideramos creyentes deberíamos demostrar que somos seres racionales y no poseedores de una creencia infantil y mágica. Le está contestando a las que como Carrio dice que con fe todo se supera.

Allí el argumento teológico es que Dios creó al hombre con inteligencia para que no hagan pelotudeces como Carrio. La pandemia tiene causas de largo plazo, de mediano plazo y de corto plazo. Las causas de largo plazo son el origen mismo del capitalismo, una expansión europea colonial que transformó todo el mundo en una fábrica sin la menor prevención y cuidado; uno de los símbolos del capitalismo es el auto a nafta y el auto nafta consume petróleo caucho, acero, plásticos. Generaron conglomerados urbanos de gente que no produce alimentos y generaron fábricas de alimentos durante varios siglos.


Hace muchos años en 1992 Fidel Castro le advirtió la humanidad que una especie corría peligro desaparición y en era la especie humana, pero no lo escucharon.


La pandemia también tiene causas de mediano plazo, porque como unos resultados más tangibles de la derrota de las luchas anticoloniales en América Latina, Asia y África y de la implosión o estallido de socialismo real en los 90 devino el neoliberalismo de Pinochet, Tatcher, Reagan y Menen que destrozaron el concepto de derechos e instalaron el de los servicios, servicios que alguien debe pagar y por supuesto maximizar ganancias. Inglaterra que llego a tener el mejor sistema de salud público en los años 50 inclusive hasta los 60 llego indefensa la pandemia del 2020.


Aquí también. Macri, destruyó lo que quedaba de sistema de salud pública a pesar de la resistencia de los trabajadores de la salud. Aun así cuando comenzó la pandemia, había opciones, algunos gobiernos consiguieron domar la pandemia y otros no. Era y es decisiva la gestión gubernamental y la batalla cultural; permítame reconocer que en Argentina se perdieron las dos batallas por goleada. De la economía primero a la presencialidad escolar para que los padres puedan dejar a los niños como en un depósito a ir a trabajar a donde sea se cambió totalmente la política para enfrentar la pandemia.


La festividad de Semana Santa tiene en la historia argentina un lugar clave. En 1987 Raúl Alfonsín explícito la claudicación de los partidos políticos tradicionales frente al poder militar y frente al poder real. “Felices pascuas” no sólo era impunidad para los asesinos era también deuda externa y mantenimiento del neoliberalismo.

Permítanme decir que la Semana Santa del 2021 con esas “felices Vacaciones” como si estuviéramos bailando arriba del Titanic, muestra la impotencia de un gobierno en asumir sus responsabilidades, de garantizar las condiciones para que la vida continúa en la Argentina.


La batalla cultural también se ha perdido, de la idea de que de esta salimos todos, al discurso cada vez más hegemónico de que este es un problema de cuidados personales. Hay un error científico, una epidemia no es una enfermedad personal multiplicación por millones sin otra, una infección de la piel de un agricultor se cura individualmente pero el agrotóxico que la causa es un problema social, ignorarlo es condenarnos a la muerte.

Las dos batallas están en curso y todavía se pueden revertir, porque es posible un plan de lucha contra la pandemia con eje en la acción del Estado. Y como en la guerra si hay que expropiar capitales extranjeros para sostener esta batalla, hay que hacerlo; no recibir con honores al jefe del Comando sur de Estados Unidos que con ironía y con una burla imperial, entrega migaja para que las reciba el ministro de defensa Agustín Rossi, que se hunde en la vergüenza ajena.


Esta es una batalla colectiva y la primera exigencia es que tenemos que lograr que liberen las patentes en todo el mundo, para que se fabriquen en todo el mundo las vacunas y que el Fondo Monetario Internacional financie la crisis de todos. ¿Utopía? Bueno del otro lado está la muerte, cada uno elige el lado de la pelea que quiera asumir.


Por si no se enteraron la lucha de clases no se suspende ni por lluvia, ni por pandemia. Es a vencer o a que la humanidad desaparezca.
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