Sobre la viralización de la educación

Les compartimos un artículo escrito por la compañera Cinthia Wanschelbaum


Fotografía: Aixa Alcántara

I. Felipe vive en Santa Fe y está estudiando la carrera de Letras en la Universidad Nacional del Litoral (UNL). Empezó el año pasado y le encanta. Toda su escolaridad la realizó en las escuelas que dependen de la UNL. Primero fue al Jardín “La Ronda”, después a la Escuela Primaria y por último a la Secundaria. Su mamá es maestra y su papá profesor en la universidad. Desde que empezó la primaria hizo un montón de actividades extra escolares. Fútbol, básquet, taller de arte, inglés, guitarra. Tiene una banda de música con compañeros de la secundaria que cada tanto tocan en alguna fiesta que organiza el Centro de Estudiantes. Cuando le preguntan por qué eligió estudiar Letras, dice que porque matemática siempre le costó mucho y recuerda que cuando no podía resolver la tarea que le daban en la escuela, le consultaba a una amiga de su papá que sabía de esos temas y siempre lo ayudaba. Los domingos al mediodía almuerza en lo de sus abuelos. Es una costumbre familiar que mantienen desde que nació. Si no llueve, hacen asado. Hace unos años que lo hace él o su papá porque su abuelo está viejito. Durante toda su infancia y adolescencia solía acompañar a su mamá o a su papá a las marchas docentes por los reclamos salariales. Ahora es él quien los invita a ir; siempre que hay una movilización, allí va. Cuando terminó la secundaria empezó a trabajar haciendo trámites para una amiga de la mamá que es abogada. Con el sueldo que gana pudo irse a vivir solo. Ahora está pensando en mudarse con su novia que estudia Medicina en la misma universidad. Para las vacaciones de este año tienen pensado irse de mochileros al norte de Argentina y, capaz, cruzar a Bolivia. Maite vive en Rosario, en el barrio Tablada. Tiene 20 años y un hijo, Ramiro, de 4. Vive en la casa de su mamá y trabaja como cajera en un supermercado. Cuando quedó embarazada, a los 16 años, dejó de ir a la escuela y empezó a trabajar en cualquier changa que apareciera, hasta que consiguió su trabajo actual. Ahora tiene miedo de que la echen por reducción de personal. A varios de sus compañeros los echaron y si la cosa sigue así de mal, ya le dijeron que van a rajar a más. A la noche, cuando sale de trabajar va a una escuela secundaria de adultos. Ya empezó y dejó varias veces, pero esta vez dice que va a terminar. A la noche, cuando llega a su casa, Ramiro ya está dormido. Su abuela, le da de cenar y lo acuesta los días que Maite llega tarde de estudiar. A la mañana, Maite lo lleva a un jardín que hay en el barrio y se va a trabajar. Su abuela lo pasa a buscar al mediodía, porque solo es de simple jornada. Los fines de semana, Maite suele trabajar. Sábado o domingo, de modo rotativo. Cuando no trabaja, el domingo van a almorzar a lo de un tío que vive a dos manzanas de su casa. Maite está ahorrando algunos mangos para festejar el cumple de Ramiro. Su idea es invitar a la familia y a unos amigos del barrio. Va a hacer un bizcochuelo decorado con un muñeco de Peppa Pig que a Rami le encanta. También tiene ganas de llevarlo a conocer la isla de los inventos en el tríptico de la infancia, porque una amiga le contó que llevó a la hija y le gustó mucho. Cuando a Maite le preguntan por qué dejó la escuela, dice que es porque quedó embarazada y tuvo que empezar a trabajar. Además, agrega que siempre le resultó muy complicado estudiar y que los contenidos que le enseñaban en la escuela no tenían nada que ver con su realidad. II. Estas historias fueron escritas hace exactamente un año. El mundo era otro. En Argentina gobernaba Macri y de un virus denominado COVID-19 nunca habíamos escuchado hablar. Ahora estamos viviendo un "inédito inviable": una profunda crisis del capitalismo que con sus mas salvajes años neoliberales hizo del planeta un lugar inhabitable. La pandemia de Coronavirus no es solo una crisis sanitaria. Se trata de una crisis civilizatoria y, por tanto, política, económica, ideológica, cultural, ambiental, de la salvaje plaga neoliberal que se monta sobre el afán del capital, el lucro privado y las obscenas diferencias de clase, como las de Felipe y Maite. En Argentina en particular, el virus nos encuentra luego de cuatro años de la virulenta ofensiva macrista y su desprecio por la salud, la educación y la ciencia públicas, y con todas las consecuencias que sus políticas de ajuste produjeron en la política pública en general. En este contexto de crisis fenomenal, por primera vez en la historia desde que se crearon los Sistemas Educativos Nacionales, las instituciones educativas están cerradas al unísono en (casi) todo el mundo. 1900 millones de niñxs y jóvenes no están yendo a la escuela, la forma hasta ahora hegemónica para educar. Esta situación inédita e inaudita devino en una forzosa, improvisada y compulsiva viralización de la educación que está produciendo una serie de fenómenos y procesos muy novedosos que presentan tensiones, problemas y contradicciones en la educación argentina, en particular, y a nivel mundial, en general. III. Felipe empezó su segundo año en la universidad. En el verano se fue de vacaciones con su novia a Salta y Jujuy, pero no cruzaron a Bolivia porque ya le habían hecho el golpe de Estado a Evo. Ahora, estaban por alquilar un departamento para irse a vivir juntxs, pero justo empezó todo el quilombo de la pandemia. Desde que empezó la cuarentena, Felipe está a full con las clases virtuales. Casi todos los días está encerrado en su habitación haciendo alguna actividad en la plataforma virtual de la universidad o conectándose a Zoom o Jitsi para una clase online. Su papá hace lo mismo como profesor. Felipe lo carga porque para dar la clase se pone una camisa arriba del pijama. Desde que se levanta hasta cualquier hora de la noche, está adaptando sus clases a la modalidad virtual mientras se desasna en cómo usar la tecnología. A la mamá le pasa lo mismo. Se pasa horas pensando actividades y ejercicios para sus estudiantes, mientras realiza las variadas tareas domésticas. La casa familiar se convirtió en, además, una escuela y una universidad a distancia. La educación virtual se ha convertido ineludible, atolondrada y desordenamente en el “soporte de emergencia de los vínculos pedagógicos” (Puiggrós, 2020) a nivel mundial. Desde que nos confinamos en nuestras casas, lxs maestrxs como la mamá de Felipe, lxs profesorxs como su papá, y lxs estudiantes como Felipe, hemos continuado nuestros procesos de enseñanza y aprendizaje mediante herramientas que hasta este momento ocupaban el banco de suplentes y salían a jugar cuando se presentaban como necesarias para aportar en el juego didáctico. Sin embargo, en este contexto de crisis obtuvieron un protagonismo impensado e indeseado meses atrás. Esta novel situación contiene complejas tensiones y contradicciones materiales (no virtuales!) a nivel político-pedagógico y didáctico. En primer lugar, y es una verdad de perogrullo pero que hay que decirla, la educación virtual no es la escuela. No son lo mismo. Es ingenuo pensar que se puede reemplazar a una institución de 200 años de historia -con sus contradicciones y disputas- por una modalidad/herramienta que hasta este momento obraba como auxiliar. La relación pedagógica históricamente construida ha ingresado en una dimensión desconocida. En segundo lugar, se construyó una falacia, o una voluntad de deseo, que es la idea de la continuidad. Digo falacia porque justamente ha ocurrido todo lo contrario. En nuestras vidas, así como en la escolar, no hay continuidad, sino en todo caso, una discontinuidad en la continuidad. Se alteró toda nuestra cotidianidad, incluida la escolar, convirtiendo la educación presencial en virtual y haciendo de nuestras casas -espacios privados- el nuevo lugar de la educación pública, una situación excepcional que en otro contexto no habríamos permitido jamas. Entonces, continuidad, no hay. En todo caso, lo que sí hay es un descomunal esfuerzo y solidaridad de lxs docentes para sostener el vínculo pedagógico a la distancia y lo mas parecido a la normalidad. En este sentido, y como una sugerencia a agregar, sería pertinente despojarse de la idea y de la lógica de la secuencia escolar y de la hiperactividad basada en ejercicios y tareas hasta el infinito y más allá. Los cursos no pueden continuarse de manera regular. De hecho, en la práctica real, todxs lxs docentes estamos rearmando y traduciendo los contenidos y las propuestas a la modalidad virtual. En tercer lugar, y este es el aspecto peligroso del pasaje forzoso de lo presencial a lo virtual, todos los productos y recursos tecnológicos que empezamos a usar pertenecen a corporaciones privadas que, desde hace unos años para acá, están viendo en la educación virtual la oportunidad para aumentar su capital. El Coronavirus generó una situación ideal para la introducción de nuevas formas de privatización y colonización de la educación por parte del gran capital. Históricamente la educación en el capitalismo ha tomado diferentes enfoques y propuestas, y se ha reconfigurado pedagógicamente para no perder su hegemonía. Esta gran crisis no va a ser excepcional en sus modos de accionar. Así como el virus muta, el capitalismo también y busca formas de perdurar vivo. Los sectores dominantes están proponiendo la generalización de la educación a distancia como camino de salida a la crisis actual. Desde los años 90 que los organismos internacionales, como la OMC y/o OCDE están batallando por la liberalización del comercio de la educación. Desde ese entonces ya que las corporaciones cabalgan hacia la ocupación del espacio público educativo y la conquista de la totalidad del mercado educacional. Esas corporaciones (Google, Microsoft, Facebook, por nombrar a algunas nomás) tienen en el momento actual un campo fértil para sembrar sus negocios y comenzar a labrar una transformación estructural respecto de la hegemonía del Estado en la educación pública/estatal. En efecto, en una editorial del día 18/4/20 el diario La Nación plantea que hay que “aprovechar la oportunidad para mejorar las deficiencias de nuestro sistema de enseñanza” y propone “impulsar un proyecto que derogue aquel arcaico artículo 109 (de la Ley Nacional) y que habilite en todos los niveles y modalidades y edades, el sistema de educación a distancia como complemento imprescindible” para educar. “El cambio se impone inexorablemente” y ya no hay vuelta atrás, cierra la editorial. Ojo que hacia allí es donde los sectores dominantes quieren avanzar. IV. Maite zafó y no la rajaron el año pasado del laburo. Sigue trabajando como cajera en un supermercado. Como es una de las actividades comerciales permitidas, está yendo a trabajar día por medio. Todos los días, cuando tiene que ir a su trabajo, sale de su casa con miedo a contagiarse. La Escuela Secundaria de Adultos a la que va le manda actividades para hacer, pero Maite solo tiene celular, no tiene compu, ni conexión wi fi en su hogar. Además, cuando vuelve a la casa está con su hijo, que tampoco está yendo al jardín. Igual, cuando puede se sienta en un rinconcito de la habitación y hace alguna tarea porque no quiere perder el vínculo con sus profesores. De todos modos sigue viendo a una de las profes porque le lleva un bolsón de comida a su casa. A lo largo de todo el país hay Felipes que viven en una vivienda digna con condiciones necesarias y suficientes para continuar su formación de modo virtual ya sea en la primaria, secundaria o la universidad. Pero a la mayoría de lxs niñxs y jóvenes en la Argentina les pasa lo que a Maite, sus condiciones reales de existencia ocurren en un aislamiento en condiciones de hacinamiento con una consecuente mayor exposición al contagio, con problemas de hambre y alimentación, así como con escasas posibilidades de conexión, lo que hacen que las posibilidades de su educación sean muy distintas y desiguales a la de lxs Felipes. En efecto y por poner otro ejemplo, hace unos días un maestro de Bajo Flores contaba en una entrevista que de 25 estudiantes que tiene en su curso, solo 7 se estaban conectando. Una compañera, maestra y pedagoga, propuso la idea de una “doble reproducción” de la diferencia social (Bassó, 2020) para analizar el fenómeno de la educación en la actualidad. Si cuando analizamos los sistemas educativos en América Latina en general y en Argentina en particular, afirmamos que no existen sistemas uniformes, homogéneos, igualitarios, sino por el contrario muchos circuitos fragmentados, desiguales, heterogéneos, diferenciados o, como dice Gentili (2011), una “telaraña de circuitos” que se configuran a partir de la diferenciación social, al analizar la situación actual ya quizás no nos sirva siquiera tal metáfora. La telaraña se ha convertido en un conjunto de nidos -las casas reconvertidas en escuelas- que contienen desiguales posibilidades para el aprendizaje y que profundizan aún más la desigualdad. En efecto, el (¿necesario?) pasaje forzoso a la educación virtual deja afuera a muchxs. No obstante, y si bien ahora parece estar al desnudo y se hace evidente, para cierto sector social, con o sin pandemia, esto no es una novedad. Tan solo alcanza el ejemplo de Maite para dar cuenta de esta afirmación. La "continuidad" de la educación en modo online se enfrenta a una estructural desigualdad que excede a la virtualidad, pero que lo virtual profundiza aún mas. De todas formas, sería ingenuo pensar que un problema que acompaña a la historia de los sistemas educativos, como es el de la desigualdad, se resuelva o, para ser más benévola, no se profundice en un contexto de crisis como el actual y a través de una modalidad educativa que necesita, al menos, de una política pública que la pueda garantizar. Respecto de este punto resulta necesario recordar que este excepcional momento histórico ocurre, además, luego de cuatro años de que el gobierno de Macri se encargara de atacar sistemáticamente a la educación a través del desmantelamiento de políticas públicas, como por ejemplo, el plan Conectar Igualdad, que proveía de computadoras a lxs docentes y estudiantes de modo de generar posibilidades de una mayor igualdad. V. La mamá de Felipe es maestra en una escuela pública. Desde que se suspendieron las clases está haciendo malabares para, como sea, enseñar. Se pasa horas y horas trabajando para intentar reponer de cualquier forma virtual posible, la normalidad escolar. Para ella hacer eso es parte de una ética de la solidaridad. Luego de los últimos años de padecer un sistemático ataque y de estar constantemente “bajo sospecha” (Feldfeber, 2016), está haciendo de la construcción de la educación pública de modo virtual una trinchera de contención, afecto y colectividad. Lejos de sentirse una apóstol, lugar simbólico en el que nuevamente se la quiere ubicar, la mamá de Felipe desde su identidad de trabajadora asume el compromiso de educar con el fin de transformar. Sin embargo, "No doy más”, “estoy estresada”, “no paro de trabajar”, escucha cotidianamente Felipe decir a su mamá. El papá de Felipe, al igual que todas las profesoras y todos los profesores en la universidad, está dando clases por Zoom, Whatsapp, Jitsi y/o la plataforma de su facultad. "Tradujo" a power points con filminas, videos y audios todas sus clases. Trabaja muchas más horas de las que habitualmente suele trabajar porque además de preparar los contenidos que va a enseñar se está (auto)formando en el manejo de las herramientas de la virtualidad. Felipe lo jode y no para de cantarle a su papá “yendo de la cama al living” como modo de graficar su nueva cotidianidad. Esta obstinación -como en el caso de la mamá de Felipe- u obligación -como pareciera ser la situación del papá-, de garantizar la (tan debatida) continuidad pedagógica a través de dar clase desde el hogar, está significando un inusitado aumento en las horas de trabajo y de la productividad, y una forzosa y forzada reconfiguración laboral del conjunto de la docencia a nivel nacional. La compulsiva, desarticulada, desorganizada, desesperada virtualización de la educación generó en lxs docentes una (auto)hiper-explotación junto a una fetichización de la situación. En efecto, en estas pocas semanas que parecen décadas, bajo cierto sentimientos de resignación, están siendo vulnerados derechos laborales de los docentes, históricamente conquistados. No hay límites temporales ni espaciales. Se trabaja todos los días y en todo momento. La vida doméstica y la vida laboral se trenzan trastocando las conocidas formas de producción de conocimiento, y de enseñanza y aprendizaje. Las maestras madres se convirtieron además en las maestras de sus hijes. Afloran problemas de salud de tantas horas sentadxs frente a la pantalla. Angustias y sobrecargas que obviamente influyen a la hora de enseñar. Y acá emerge una vez más una preocupación y alerta fundamental: el peligro de una reconversión laboral que afecte al trabajo docente más allá de este momento de crisis tan particular. VI. La mamá de Felipe le envía todos los días actividades y ejercicios a sus estudiantes para que hagan en sus casas. Entró de lleno en la dinámica de trabajo docente que desató la enseñanza a distancia, basada en la hiperactividad y en la acumulación de tareas, con el afán respetar el programa escolar. También incorporó algunas actividades a partir de las sugerencias de pedagogos que proponen que "la casa se considere como un laboratorio donde descubrir cosas y los padres sean colaboradores de los maestros. Por ejemplo, cómo funciona una lavadora, tender la ropa, planchar, aprender a coser” (Tonucci, 2020), pero muchas madres le respondieron que en sus casas es imposible hacer algo así. De hecho, a Maite le pasó eso, que la maestra de su hijo le propuso que cocinen una salsa juntos para ver los procesos físicos y químicos. A Maite le encantaría, pero en su casa cocinan con un anafe que resulta peligroso para que su hijo chiquito la ayude. Es que estas propuestas pueden resultar atractivas solo para un sector social. ¿Y si elaboramos propuestas que no generen más desigualdad? ¿Y si en vez de proponer actividades constantemente y a mas no poder les proponemos problematizar la realidad? La pandemia y todo lo que genera la situación actual puede abrir a un mundo de conocimientos fascinante para estudiar. Podríamos hacer de las vidas en pandemia y de "Coronavirus" una palabra que pueda generar contenidos a enseñar. Quizás sea un momento ideal para proponer una educación que parta de la desnaturalización de la realidad. Hagamos de las casas, escuelas de pensamiento crítico. Es nuestra necesidad. Fidel Castro en 1992 (pre)dijo: "Una importante especie biológica está en riesgo de desaparecer por la rápida y progresiva liquidación de sus condiciones naturales de vida: el hombre. Ahora tomamos conciencia de este problema cuando casi es tarde para impedirlo”. Impidámoslo. Tomemos conciencia y eduquemos en evitar nuestra autodestrucción a la par de construir el sueño de un mejor porvenir, antagónico al mundo que nos esta tocando vivir/sufrir en el que la viralización de la educación genera aun mas Felipes y Maites tan desiguales entre si.

85 vistas

+541143713939

©2019 by Liga Argentina por los Derechos Humanos. Proudly created with Wix.com